miércoles, 9 de marzo de 2011

Malabares

La luna se eleva brillante y redonda, como de costumbre, sobre las cabezas de todo lo que tiene vida. Los patos graznan y el automóvil baila al ritmo del amor. Sus ocupantes emprenden misteriosos y malabáricos movimientos dentro –a veces, fuera– de él. Un pie inoportuno es apoyado donde no debería de haberlo sido –el freno de mano– y mil quinientos cincuenta kilos de aluminio y plástico terminan un brevísimo viaje en el fondo del lago y concluyen, así, los movimientos malabáricos, el baile al ritmo del amor y los graznidos de los patos.

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