domingo, 12 de diciembre de 2010

Noches que no llevan a ningún lado

Cierto día desperté dentro de la escuela. Estaba rodeado por cuatro personas cuyas edades ascendían hasta los cuarenta años. Todos ellos llevaban en sus manos diferentes instrumentos musicales. Una tuba, un saxofón, una trompeta y un clarinete deleitaban a la audiencia del teatro con sonidos estridentes e imposibles.

Me levanté de mi escritorio mientras aquellos cuarentones inverosímiles continuaban con su recital.

2 comentarios:

David Villarreal G. dijo...

ah ese me lo habías enseñado al principio del semestre.. es el que tenías apuntado en tu libreta no? anyways.. ese también me gustó por lo improvisado del tema.. nice!

Fernando Cantú dijo...

Exactamente, es ese mismo. Surgió de un sueño. Cosas extrañas, tú sabes.